¿Te ha ocurrido que recibes un presupuesto de mantenimiento y no sabes si es caro, barato o simplemente incompleto?
O peor: lo contratas, y a los dos meses llegan los “extras” (caídas, errores, urgencias) que no estaban contemplados.

En este post vas a ver cómo analizar el precio de un mantenimiento web razonable para una empresa, qué variables lo cambian y cómo comparar propuestas con criterio.

Para quién es y cuándo hace falta

  • Empresas con web corporativa que genera leads (formularios, reservas, solicitudes).

  • Equipos de marketing que publican contenido y necesitan “que no se rompa nada”.

  • Operaciones/IT que quieren dormir: monitorización, alertas y respuesta.

  • Negocios con integraciones (CRM, automatizaciones, analítica, APIs, plugins “clave”).

  • Proyectos en WordPress o a medida con actualizaciones frecuentes.

  • Webs que no pueden permitirse caídas en horario comercial.

Si tu web es un activo (y no un folleto olvidado), el mantenimiento no es un extra: es el seguro + la puesta a punto + el soporte que evita parones, sustos y pérdida de oportunidades.

1. Modelos de tarifa: lo que estás pagando aunque no lo veas.

Antes de comparar “precios”, compara modelos. No es lo mismo pagar por estar cubierto que pagar por cada fuego.

Modelos habituales en mantenimiento web para empresas:

  • Cuota mensual (tarifa plana con límites): incluye tareas preventivas y un volumen de soporte. Ideal si quieres previsibilidad.

  • Bolsa de horas mensual: pagas X horas para soporte/evolutivos. Si no se consumen se acumulan o no, depende del contrato.

  • Pago por incidencias (reactivo): parece barato… hasta que pasa algo. Suele salir peor en webs críticas.

  • Mixto (preventivo + horas): el más equilibrado si la web evoluciona.

Pista rápida: si te ofrecen “mantenimiento” pero solo incluye “actualizar plugins”, en realidad te están vendiendo una parte pequeña del problema.

2. Qué incluye un mantenimiento web profesional

Un buen contrato separa tres bloques. Si no aparecen, pide que los aclaren.

Preventivo (evitar problemas):

  • Actualizaciones controladas (core/tema/plugins o dependencias).

  • Copias de seguridad con política clara (frecuencia, retención, restauración).

  • Monitorización (uptime, errores, rendimiento básico) y alertas.

  • Seguridad: hardening, revisión de vulnerabilidades, medidas anti-bot/spam.

Correctivo (arreglar cuando falla):

  • Diagnóstico de errores.

  • Restauraciones, rollback, resolución de conflictos entre plugins/funciones.

  • Soporte ante caídas o comportamiento anómalo.

Evolutivo (mejorar y adaptar):

  • Ajustes de UX/UI, componentes, landings, formularios, tracking.

  • Optimización de rendimiento (imágenes, caché, scripts) según prioridades.

  • Ajustes por cambios legales/técnicos (cookies, etiquetas, etc.).

Si estás trabajando el rendimiento de la web, tiene mucho sentido conectar esto con una revisión de SEO técnico (sin convertirlo en “otro servicio” camuflado). Aquí encaja bien un enlace interno tipo: “auditoría SEO técnica” (si lo tenéis en el estudio).

3. Qué influye en el coste

Aquí es donde se decide la tarifa de verdad. Y donde aparecen las diferencias entre un presupuesto serio y uno “de plantilla”.

Factores que suelen subir el precio del mantenimiento web mensual:

  • Tecnología y complejidad: WordPress sencillo ≠ WordPress con maquetador pesado, plugins críticos o código a medida.

  • Número de piezas móviles: formularios, analítica, CRM, pasarelas, APIs, automatizaciones.

  • Tráfico y criticidad: cuanto más “negocio” depende de la web, más exigente es la cobertura.

  • Seguridad requerida: WAF, protección extra, registros, revisiones más frecuentes.

  • Ritmo de cambios: si marketing publica y lanza campañas cada semana, habrá más soporte.

  • Estado actual: si la web arrastra errores, deuda técnica o “cosas raras”, el mantenimiento incluye estabilización.

Y ojo con esto: hosting y mantenimiento no son lo mismo, pero se cruzan. Si el servidor va justo, el mejor mantenimiento sufre. Aquí encaja un enlace interno como “hosting gestionado” o “migración y optimización de hosting” si lo ofrecéis.

4. Cómo comparar presupuestos: lo que hay que pedir por escrito

Comparar “una cuota” vs “otra cuota” no vale. Compara alcance + respuesta + límites.

Pide que la propuesta incluya, mínimo:

  • Listado de tareas incluidas (preventivo/correctivo/evolutivo).

  • Qué NO incluye (y cómo se tarifica lo extra).

  • Tiempos de respuesta (SLA) por tipo de incidencia: crítica / alta / media.

  • Canales de soporte (ticket, email, teléfono, Slack/Discord…) y horario.

  • Frecuencia de backups y procedimiento de restauración.

  • Reportes mensuales: qué se ha hecho, incidencias y recomendaciones.

  • Entorno de staging (si se prueban cambios antes de tocar producción).

  • Gestión de plugins/licencias (quién paga qué y cómo se renueva).

  • Accesos y seguridad (gestión de usuarios, 2FA, logs).

Señal de alarma: “cubrimos todo” sin límites ni SLA. Eso no es cobertura, es una promesa vaga.

5. Cómo saber si estás ante “mantenimiento barato” o “mantenimiento útil”

No es cuestión de demonizar lo barato. Es cuestión de entender lo que compras.

Suele ser “barato” cuando:

  • Solo hacen actualizaciones “en directo” sin pruebas.

  • No hay monitorización ni alertas: te enteras cuando el cliente te escribe.

  • Backups sin política clara (o “backup del hosting” como única defensa).

  • No hay plan de seguridad ni medidas anti-spam.

  • No existe reporte ni trazabilidad.

Suele ser “útil” cuando:

  • Hay proceso (checklist, staging, rollback).

  • Te explican qué priorizan y por qué.

  • Tienen tiempos de respuesta definidos.

  • Documentan cambios y te dan visibilidad.

Si tu web vive de campañas, leads o reputación, la diferencia se nota rápido.

6. Ejemplo típico en empresa: escenario realista

Una empresa B2B con web corporativa en WordPress, varios formularios conectados a CRM, campañas activas y contenido mensual.

Antes (sin mantenimiento continuo):

  • Actualizaciones “cuando hay tiempo”.

  • Formularios que fallan sin avisar (leads perdidos).

  • Plugins acumulados, rendimiento irregular.

  • Un susto de seguridad y nadie sabe por dónde empezar.

Después (con mantenimiento bien definido):

  • Actualizaciones planificadas y probadas (menos incidencias sorpresa).

  • Alertas cuando algo cae o se ralentiza (reacción antes de que duela).

  • Backups verificables y restauración clara.

  • Un canal de soporte con tiempos de respuesta y reportes.

¿Qué cambia de verdad? Menos interrupciones, menos urgencias, más control. Y marketing puede centrarse en generar demanda, no en apagar fuegos.

7. Checklist para comparar propuestas en 10 minutos.

  1. Pide el alcance por bloques: preventivo, correctivo y evolutivo.

  2. Exige SLA por severidad (crítica/alta/media) y horario de cobertura.

  3. Confirma si trabajan con staging y cómo hacen el rollback.

  4. Define política de backups: frecuencia, retención y pruebas de restauración.

  5. Pregunta cómo gestionan seguridad: 2FA, hardening, anti-spam, logs.

  6. Aclara límites: horas incluidas, número de incidencias, “fair use”.

  7. Pide ejemplo de reporte mensual (aunque sea un mock).

  8. Verifica quién gestiona licencias de plugins/tema y renovaciones.

  9. Revisa la gestión de accesos (cuentas nominativas, no “admin/admin”).

  10. Asegura un proceso para cambios urgentes y comunicación.

Si el proveedor responde claro y por escrito, vas bien. Si todo son “depende”, mal.

9. Errores a evitar al contratar mantenimiento web

  • Elegir solo por precio. Luego pagas urgencias a precio de oro.
    Cómo evitarlo: compara SLA, límites y proceso, no solo cifra.

  • Confundir mantenimiento con hosting. Contratar el servidor no “arregla” tu web.
    Cómo evitarlo: separa responsabilidades y puntos de contacto.

  • No pedir política de backups. El día que toca restaurar, nadie sabe qué hay.
    Cómo evitarlo: definir frecuencia, retención y prueba de restauración.

  • No definir qué es “incidencia”. Debes saber hasta dónde estás cuvierto.
    Cómo evitarlo: lista de casos incluidos/excluidos.

  • Actualizar sin pruebas. Romper producción por una actualización es más común de lo que parece.
    Cómo evitarlo: staging, ventanas de actualización y rollback.

  • Sin reporte ni trazabilidad. Pagas, pero no sabes qué se hace.
    Cómo evitarlo: pide reporte mensual con acciones, incidencias y recomendaciones.